martes, 22 de diciembre de 2020

Mi Navidad

 

Tenemos leña. Muchos troncos de limonero secos esperando para que la tita Concha encienda la chimenea de la cocina de afuera. No sé por qué, pero la de dentro, que es mucho más moderna, nunca se usa. No solo de limonero, el abuelito ha traído de almendro y unas ramas secas de sarmiento. Cuando la tata “Nena” hace arroz con conejo y caracoles en las brasas de sarmiento, ni en “Los Collares” pueden superarlo.

Mi Navidad


Ayer estuvimos bastante entretenidos. La tita Concha, mariscal de campo e intendente de la casa, colgó el pavo en el patio, le sacó la sangre para hacer las “pelotas” del cocido de navidad mientras nosotros lo desplumábamos. Pero hoy es diferente, hoy todo el mundo está aquí. Mi madre y mis tías están desde bien temprano preparando para esta noche: ensaladilla, mojama y hueva con almendra, ensaladas, consomé…no sé quién se va a comer todo eso, porque, además de los aperitivos, están las costillas de bareta.

El abuelito, mi padre y los tíos se han ido a San Pedro. Todas las Nochebuenas, al amanecer, se van a la lonja a por el marisco. Traen quisquilla, gamba roja, canaíllas, mejillones y almejas. Bueno, traen el marisco y algo más, porque, cuando llegan, parecen muy contentos. Las mujeres también se toman sus cervecitas, pero es otra cosa. Supongo que es cuestión de tradiciones. Nosotros no paramos de jugar, estamos todos los primos. Es mejor que una fiesta de cumpleaños, es la Nochebuena en casa del abuelito.

Esta noche habrá una mesa muy larga. De hecho, necesitaremos abrir la puerta de abanico que separa el salón del cuarto de estar. Veremos el discurso de su Majestad don Juan Carlos I, nos pondremos hasta arriba de marisco, carne y cola de Royal Crown, los mayores el Vega Sicilia y, solo por un momento, cuando abran la sidra, nos dejarán crecer para beber un sorbo.

Muchos chistes, villancicos, los tan ansiados aguinaldos y, a eso de las once y media, todos a la misa de gallo, caminando hasta la iglesia, oliendo en cada calle a cordero a la brasa, a pavo al horno y a ese ambiente de Navidad inigualable, irrepetible. El olor de la felicidad.

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