jueves, 5 de mayo de 2022

Aquella final del 81

El Real Madrid club de fútbol se ha vuelto a clasificar para disputar la final de la Champions League, y le enfrentará, el próximo 28 de mayo, en el Stade de France de Saint Denis, París, a uno de sus históricos rivales en la competición, los ingleses del Football Club Liverpool. Obviando la última de 2018 en Kíev, mi memoria me lleva a, quizá, salvando imágenes difusas del mundial 78, el primer recuerdo futbolístico fiable que tengo, la final del 81. Volviendo a ella, y antes de enfrascarme en mi experiencia personal, hay ciertos datos curiosos que me gustaría compartir.

Por aquel entonces, la Champions League se denominaba Copa de Europa, y solamente la jugaban los campeones de la liga doméstica de cada país más el ganador del año anterior. Se jugaba los miércoles, incluida la final. Ese año de nuestro Señor de 1981 la fecha elegida fue el 27 de mayo, solo un día antes en el calendario que la final de este año, y, al igual que la de 2022, la ciudad elegida fue París, aunque el estadio cambia, la del 81 se celebró en el histórico Parque de los Príncipes. Los protagonistas los conocemos Real Madrid y Liverpool, que comenzaron con las siguientes alineaciones:

Real Madrid: Agustín, García Cortés, Sabido, García Navajas, Camacho, Del Bosque, Ángel, Stielike, Juanito, Santillana, Cunningham. También participó Pineda, que sustituyó a García Cortés en el min. 87. Entrenador: Vujadin Boskov.

Liverpool: Clemence, Neal, Alan Kennedy, Thompson, Hansen, Ray Kennedy, Lee, McDermott, Souness, Daglish Johnson. También participó Case, que sustituyó a Daglish en el min. 87. Entrenador: Bob Paisley.

El partido y la Copa de Europa se la llevó el Liverpool por 1-0, con gol de Alan Kennedy en el minuto 82.


Yo tenía 8 años, me estaba criando en un pueblo de apenas cinco mil habitantes, donde la llegada de la democracia también trajo bajo su regazo la independencia de Santomera como pueblo de Murcia y todas las mejoras que comenzaban a fastidiarnos a los niños, como el asfaltado de las calles. Ya no podíamos hacer un “gua” para jugar a las canicas, y jugar al fútbol era un incordio, con las piernas llenas de quemaduras y raspaduras de aquella superficie del diablo, con lo blandita que estaba la tierra. Pero también llegaban las televisiones en color, que, por lo menos a mí, abrieron las ventanas de par en par a un mundo nuevo.

Aquel miércoles salí del colegio, jugué el partido con los amigos y me fui al caer el sol a casa de mi abuelo materno para cenar. Obviamente, estaba convocado. En las brasas del hogar, costillas de cordero, en el fuego, patatas fritas a lo pobre, mientras mi abuelo hacía su famoso mojete. Nuestra alineación era mi abuelo, Angel “el Monete”, su cuñado y tío abuelo mío Pepe “el Ciporrón”, al que le llamábamos cariñosamente “Cañamel”, mi tía abuela, hermana de mi abuelo y madrina mía Concha “del Monete”, mi hermano Manolo “el Polín” y yo.

Ver un partido de copa de Europa era un ritual. Siempre la misma cena, la mesa de camilla de la sala de estar preparada, una alfombra a los pies (solo se quitaba los meses de verano, cuando no había fútbol), en la que mi hermano y yo teníamos dispuesto el terreno de juego de los Airgamboys del mundial del 78 (curiosamente, eran de Argentina y Alemania, no sé la razón por la que el rival de Argentina no era Holanda, que le disputó otra final histórica), y comenzar a cenar en el mismo momento en el que el trencilla de turno daba la señal de inicio.

Con tan corta edad (mi hermano Manolo tenía 6 años), nuestra fascinación no estaba en el partido de fútbol en sí, sino en contemplar la tensión en el rostro de nuestros mayores, en escuchar los comentarios a cada jugada que, con el paso de los años, contribuyeron a engrosar nuestro argot futbolístico: córner, offside, fault, linier, todas palabras inglesas adornadas por nuestro especial acento murciano, y que, en aras de nuevas nomenclaturas de moda, tienden a desaparecer, y, cómo no, en la maravillosa cena con la que nos regalaban un miércoles, más propia del fin de semana.

Y llegó el minuto fatídico en el que Alan Kennedy nos borró la sonrisa de la cara. Camacho había tenido una clarísima ocasión intentando una vaselina a Clemence, que se fue por muy poco por encima del arco; y tuvo que ser otro defensa, después de un saque de banda en el lado derecho de Agustín, el que sí lograra marcar. El Real Madrid había jugado su última final en el año 66, cuando los Ye-yes batieran al Partizán en Bruselas. Tampoco volveríamos a ver otra hasta el año 98, en la que Pedja Mijatovic acabara con la sequía de 32 años sin ganar nuestro más preciado tesoro, la Copa de Europa.

Y a pesar de lo borroso de las imágenes de mi recuerdo, sí hubo una frase que no se me olvidará nunca de mi tío Cañamel. ¿Por qué?, ni idea. “Si hubiera sido una final a los puntos, hubiéramos ganado”.

Así que el próximo 28 de Mayo, sentado delante de mi moderna Smart-Tv, cenaré mojete, patatas a lo pobre y costillas de cordero, justo cuando el trencilla de la señal de inicio de la final, y tendré junto a mí, llenado mi corazón acelerado, a mis compañeros de cónclave, los mayores me mirarán desde arriba sonriendo, y mi hermano, a 2000 kilómetros de mí, a tiro de Whatsapp.

¡HALA MADRID Y NADA MÁS!

viernes, 22 de enero de 2021

LAS BRUJAS DE SAULGAU: ANNA PERSAUTER

Corre el año 1672, y en una pequeña aldea del sur de Alemania, dos mujeres son decapitadas e incineradas después a manos de la Santa Inquisición. La condena: brujería.

Las brujas de Salgau: Anna Persauter


Saulgau es una población que, durante la época de la caza de brujas, pertenecía al ducado de Suabia, la actual Baden-Würtemberg. Es conocida por sus baños termales y cuenta con una historia que se remonta al siglo IX, gobernados por la alta nobleza alemana y la iglesia. Dentro de sus murallas, dos conventos franciscanos se erigen como baluartes de la iglesia católica incluso tras la reforma luterana, que no pudo influir a los pies del famoso castillo de Sigmaringa.

Entre los años 1518 y 1684, en la ciudad de Saulgau la Santa Inquisición llevó a cabo 46 juicios por brujería. El resultado fue de 29 ejecuciones y 2 destierros. Entre las ejecuciones, las de Anna Persauter y su hija Úrsula, el 26 de marzo de 1672.

Anna Persauter nace en Saulgau el 29 de septiembre de 1624 como Anna Kempter, su apellido de soltera. En 1646, contrae matrimonio con Leo Persauter, un individuo de mala fama por su reputación de brujo. Además, es sospechoso de haber cometido robos y difamaciones. En este ambiente, Anna debe buscarse la vida como partera, una profesión relacionada con la brujería en aquella época.

La sociedad medieval en centroeuropa atendía a una estructura piramidal. El el vértice superior, nobleza y clero acaparaban todo el poder y la riqueza, así como el acceso a la cultura. En el centro, la creciente burguesía formada por la baja nobleza, artesanos y comerciantes luchaba para abrirse paso, tratando de sortear el pesado muro de los impuestos y diezmos. Al final de la cadena, el vulgo, campesinos sin apenas recursos para la supervivencia. El índice de analfabetismo superaba el 90% de la población, y vivían presos del miedo infundido por la iglesia. Todo aquello que no se ciñera a los dictados de la iglesia, era tachado de herejía o brujería, y la pena de muerte o destierro estaban a la orden del día, siempre comandados por los tribunales inquisidores.

Los recelos arengados por los propios inquisidores entre los vecinos más pobres llevan a Anna Persauter a ser denunciada y llevada a la torre prisión extramuros de Saulgau el 18 de mayo de 1666, bajo la acusación de hechizar, dañar e, incluso, matar, a bebés recién nacidos y a sus madres parturientas. Sin embargo, Anna consigue sobrevivir al interrogatorio y las consecuentes torturas sin que le consiguieran arrancar una confesión. Los protocolos del juicio están disponibles, hoy en día, en el archivo de la ciudad.

Pero la suerte de Anna Persauter estaba echada. En el año 1672, en la vecina población de Buchau, una mujer es detenida, juzgada y condenada a muerte por brujería. En su declaración, afirma que la señora Persauter le había enseñado todo lo que ella sabía acerca de las prácticas de magia negra. Poco después, un incendio arrasa cuatro edificios de apartamentos y varios graneros en uno de los barrios pobres de Saulgau. El clamor se extiende desde los miembros del clero hasta los mismos vecinos, que, influenciados por clérigos y monjes franciscanos, están seguros de que ese desolador incendio no pudo ser provocado más que por el maligno encarnado.  

Así pues, el 17 de febrero de 1672, Anna Persauter y su hija Úrsula son detenidas y vueltas a encerrar en la famosa torre prisión para brujas de la ciudad. Durante los interrogatorios, varios testigos sufren extrañas enfermedades, la acusan de provocarlas, aunque ella, obviamente, lo niega todo. Días más tarde, no soporta más la tortura a la que fue sometida y termina por confesar un pacto con el diablo, aquelarres de brujería, práctica de hechizos malignos a humanos y animales domésticos y ganado, así como la intervención en cambios climáticos bruscos. Aprovechando su debilidad, los inquisidores la culpan también de haber sobrevivido a su primer interrogatorio en 1666 gracias a la influencia del Diablo.

Las brijas de Saulgau: Anna Persauter

Anna y Úrsula Persauter son condenadas a muerte y son decapitadas el 26 de marzo de 1672. Sus cuerpos son incinerados. Anna tenía 47 años. Su hija Úrsula, tan solo 22.

 

Bibliografía:

Literatura: Franz Josef Klaus, Heimatbuch der Stadt Saulgau, Bad Saulgau 2ª edición 1996, p.

98 y sig.

Georg Hämmerle, De la historia de la ciudad de Saulgau, Bad Saulgau 1986, p. 192ff

Juicios de brujas de Bad Saulgau

Rotulus Inquisitionis de Innsbruck o de los registros de los interrogatorios Scheer (1583-1686) y Dürmentingen (1583-1661).

 

Registros de Interrogatorios:

1. 1666 18.5. - 13.6 Demandado: Leons Anna, Anna Persauter née Kempter, partera, b.

Coll. 29.9.1624 casada con Leo Persauter de Betzenweiler

resultado: la acusada es desterrada a su casa

2. 1672 17.2. - 26.3. acusado: Leons Anna sh. No. 1

Resultado: Ejecución el 26.3.1672

3. 1672 - 8.4. demandado: Margaretha Braster née Kaufstein, nacida en

de Bohemia, casada con Andreas Braster, barbero

Resultado: Ejecución el 8.4.1672

4. 1672 2.4. - 8.4. acusado: el Wahrerin Magdalena Wahrer née Gerster nacido en Saulgau

casado con: Mathias Wahrer consul quondam et pater spiritualis Franciscanorum

(Miembro del consejo y administrador y representante legal del monasterio franciscano.

Salida: Ejecución el 8.4.1672

5. 1672 7.4. - 22.4. acusado: Margaretha Brunner de soltera Riegger casada con Georg

El alguacil del príncipe-obispo Brunner en Saulgau (cobrador de los honorarios)

Salida: Ejecución poco después del 22.4. (desde este día el Urgicht)

6. 1672 5.5. - acusado: el sutler Anna Blaser née Merk murió de muerte natural el 17.3.1686

muerte el 17.3.1686

salida: desterrado al hospital y luego liberado en casa el 26.5.1672

7. Maria Eichel (hija de Apolonia y Michael Eichel 1/12 ) b.15.8.1659 > 15 años!

Ejecutado el 16.3.1674

martes, 22 de diciembre de 2020

Mi Navidad

 

Tenemos leña. Muchos troncos de limonero secos esperando para que la tita Concha encienda la chimenea de la cocina de afuera. No sé por qué, pero la de dentro, que es mucho más moderna, nunca se usa. No solo de limonero, el abuelito ha traído de almendro y unas ramas secas de sarmiento. Cuando la tata “Nena” hace arroz con conejo y caracoles en las brasas de sarmiento, ni en “Los Collares” pueden superarlo.

Mi Navidad


Ayer estuvimos bastante entretenidos. La tita Concha, mariscal de campo e intendente de la casa, colgó el pavo en el patio, le sacó la sangre para hacer las “pelotas” del cocido de navidad mientras nosotros lo desplumábamos. Pero hoy es diferente, hoy todo el mundo está aquí. Mi madre y mis tías están desde bien temprano preparando para esta noche: ensaladilla, mojama y hueva con almendra, ensaladas, consomé…no sé quién se va a comer todo eso, porque, además de los aperitivos, están las costillas de bareta.

El abuelito, mi padre y los tíos se han ido a San Pedro. Todas las Nochebuenas, al amanecer, se van a la lonja a por el marisco. Traen quisquilla, gamba roja, canaíllas, mejillones y almejas. Bueno, traen el marisco y algo más, porque, cuando llegan, parecen muy contentos. Las mujeres también se toman sus cervecitas, pero es otra cosa. Supongo que es cuestión de tradiciones. Nosotros no paramos de jugar, estamos todos los primos. Es mejor que una fiesta de cumpleaños, es la Nochebuena en casa del abuelito.

Esta noche habrá una mesa muy larga. De hecho, necesitaremos abrir la puerta de abanico que separa el salón del cuarto de estar. Veremos el discurso de su Majestad don Juan Carlos I, nos pondremos hasta arriba de marisco, carne y cola de Royal Crown, los mayores el Vega Sicilia y, solo por un momento, cuando abran la sidra, nos dejarán crecer para beber un sorbo.

Muchos chistes, villancicos, los tan ansiados aguinaldos y, a eso de las once y media, todos a la misa de gallo, caminando hasta la iglesia, oliendo en cada calle a cordero a la brasa, a pavo al horno y a ese ambiente de Navidad inigualable, irrepetible. El olor de la felicidad.