jueves, 29 de octubre de 2020

Distancia

"Dicen que la distancia es el olvido

pero yo no concibo esa razón..."

(La Barca, Roberto Cantoral)


-Si Penélope resistió todos los envites del destino, yo también- Pensó Adela cuando supo la noticia. Habían pasado peores rachas, sobre todo cuando lo destinaron a aquella plataforma enmedio del Pacífico; pero gracias a ello, pudieron sanear todas las cuentas pendientes, vender el apartamento de Cieza y comprar con el dinero que sobró de levantar la hipoteca más el beneficio un pequeño bungalow en Islas Menores. Allí estaban todos sus sueños, todos los besos con sabor a mar, los paseos mojando los pies en la orilla de aquella bahía de agua templada a la luz de las estrellas. La tranquilidad de una vida sosegada junto al amor de su vida,  sin prisa por madrugar, leyando libros, escuchándole contarle cómo las tormentas en mitad de la nada, de un océano inclemente hacían temblar la plataforma como un barco anclado e indefenso.


-Ahora solo tengo que esperar un poquito más, y ya no volverá a marcharse- Esa era la idea, solo un viaje más, solo unos meses de trabajo fuera no volverían a separarse. Ese era el precio que tenía que pagar. Estaba acostumbrada a vivir meses sola, pero tenía sus rutinas. Le gustaba sentarse en la terraza al calor del sol de la mañana, tomar café y tostadas, y tejer gorros de molde, calcetines para el invierno o bufandas calentitas de colores alegres. Si llovía, las menos veces en Murcia, acercaba el sillón junto a la ventana del salón, encendía una lámpara de pie y leía viejas novelas de Corín Tellado y Agatha Christie. Cocinaba siempre para dos, porque él nunca avisaba de su vuelta, podría presentarse en casa y, si eso pasaba, un plato de arroz con conejo y caracoles estaría preparado a las dos, siempre a las dos, con un poco de morcón y vino de Jumilla, como a él le gustaba. Si no venía, su ración la guardaba en un Tupperware y la metía en el congelador. Todos los días igual: lunes lentejas, martes pollo al chilindrón, miércoles potaje, jueves dorada a la plancha, viernes, siempre guardando vigilia, todo el año, hervido, sábado spaguetti y domingo, cada domingo, su preferido, el arroz con conejo y caracoles. Una semana cocinaba, otra semana comía lo guardado en el congelador.

- Mamá, ya es hora, llevas quince días en el bungalow, hay que volver a la residencia.

- No puedo ir a ningún lado, tu padre podría volver cualquier día.

- Pero papá no va a volver, aunque ya no lo recuerdas. Papá murió de cáncer hace más de un año, tú tienes una enfermedad llamada Alzeheimer, y tienes que ir a la residencia, allí te cuidan bien. Mis vacaciones también se han acabado, tengo que volver a la plataforma.

- ¿Trabajas con papá?

El hijo sonrió con una mueca triste, con el corazón roto, y solo pudo contestarle con la voz quebrada: -Sí, mamá, y me ha dicho que pronto estarás con él, que ya nunca habrá más distancia que os separe.-

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